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Bienvenidos a Noticias de Tolox

Queremos daros la bienvenida a este espacio que nace de la necesidad cada vez más acuciante de estar conectados, de compartir el conocimiento, de saber... Por estos motivos hemos pensado que las nuevas tecnologías pueden ayudarnos a superar todos estos desafíos. El blog Noticias de Tolox pretende ser un espacio para todos y todas, donde cada uno pueda aportar lo que sepa. Tenemos muchos conocimientos sobre nuestro pueblo que no queremos perder, muchas ideas que deseamos expresar y nuevas generaciones a las que transmitir todo este legado cultural.
El entendimiento que hay que tener para publicar una entrada en Noticias de Tolox es mínimo, aunque será necesario una pequeña destreza en el uso de las nuevas tecnologías el principal reto es tener algo que contar. Y estamos seguros que muchos de vosotros/as tenéis muchas cosas que decir. Al fin de cuenta el saber no es de nadie, es de Todos/as. Y el conocimiento genera más conocimiento.

Reflexiones blancas distantes

Fornido en lo alto de un cerro, arisco y malcarado, sobre un saliente rocoso, está mi pueblo sostenido. Escarpado recinto de casas apiñadas, suspendidas, presumiendo de un blanco descarado. Dicen de él que no fue fiero ni temido, ni fue rey destronado. Solo un foso morisco de una historia breve de un tiempo lejano, rodeado por dos ríos que lo abrazan al juntarse en su recorrido.
Arrinconado en la falda de la sierra parda, al abrigo de los vientos y al frío del norte, protegido por un macizo elevado por donde se aleja el sol entre bostezo anaranjado, dejando un rastro de sangre flotando sobre la cumbre blanca, donde anidaron rapaces, que un día volaron ese espacio manso que envuelve al enriscado pueblo, bello en su reposo.
Allí vive, ese reflejo del cielo sobre la tierra, en un entorno de colores pardos, entre pardas colinas, de pinos descoloridos, sobre un terreno accidentado. Entre cerros de viñedos y lomas de olivares, sembradas de trochas y veredas torcidas, desniveladas y peñascosas, labradas por las bestias y el paso del hombre. Entre vegas y cañadas que vadean los ríos y se desgrana el tiempo, entre huertas, estanques y albercas, donde se afana una vida más lenta que de costumbre y un calor extraño nos acoge cuando nos recibe.
La luz es más azulada y brillante y más ligera, fundiéndose con el verde ocre de la tierra; el aire huele a pino y a maleza confundido, acunado por la brisa de una eterna primavera que mece los cañizos entre los arroyos; golpes rítmicos de una azada contra la tierra y algún que otro trino, de un invierno aún sin estrenar.
Allí vivió también ese pueblo de la infancia que hoy la memoria me rescata vivencias y recuerdos que fluyen como un torrente, claros y vívidos, de ese ayer perdido. 
Como aquel paisaje quieto de los campos, pidiendo a grito el beso redentor del arado, antes de que un sol tibio anunciara la primavera y los sembrara de verdes espigas y rojas amapolas. 
O aquel color otoñal que pintaba al pueblo de tonos pardos bajo nubes gordas de lluvia, volando sobre los viejos tejados, dejando una fragancia de lluvia en el paisaje blanco, goteante sin sol.
Y aquel humo que ascendía gris y delicado por las chimeneas hacia un cielo encapotado, como si fuera aliento respirado de los hogares encendidos, de la leña que ardía bajo las trébede, calentando lento el puchero, en un ambiente de ausencias, donde una madre tenía la costumbre de poner la mesa con un plato menos. Sonidos sordos, amortiguados, de cacharros trasteados en la cocina, mezclados con un murmullo enlatado de voces radiofónicas. Cisco en el brasero. Colcha de ganchillo blanca que olía a limpieza sin vida, encima de una cama triste de una habitación vacía; de muebles de barniz apagado, cubiertos por una delgada capa de polvo que huele a pasado rancio, a tristeza y abandono. Galería de retratos sobre una cómoda, galerías de fracasos y huidas y de promesas rotas, de sueños de juventud insatisfechos; fotografías en una caja de galletas guardadas, como si fuera el elixir de la existencia primera.
Y moría lenta la tarde con su aroma quieto de pueblo perdido y de color campestre bajo la moteada luz del atardecer, las tejas de sus viejas casas brillaban como si acabara de llover, y en el aire suspendido, aquel olor de leña quemándose, sobrevolando los tejados mojados de mi pueblo.
Estrecho y de calles empinadas, donde todo era público y jugaban los niños que tenían infancia. Épocas largas con el paso lento de los juegos que se perdían por sus callejones, rozadas con las manos sus paredes fresca de cal antigua y descansar en sus sombras, agotados, y que el tiempo pasara.
Allí vive aún, sin poder olvidarlo, con su vieja iglesia siempre de novia vestida, y su fiel campanario, enamorado de los días festivos y de sus mañanas blancas de verano, con aquel sol que caía a plomo sobre sus calles y plazas, registrando la rutina cotidiana de sus gentes.
Sentadas en un recodo de la calle, bajo un sol otoñal de aspecto sereno, un grupo de mujeres zurcían codos y parches en ropas ásperas de campo; otras hacían ganchillo en el quicio de la puerta. Eran vecinas todas, compartían espacio y preocupaciones mundanas, con su retahíla a cuesta. Saltaban en sus relatos de una fecha a otra, según les venían los recuerdos a la memoria. Las jóvenes cruzaban hilos y miradas cómplices, bordando en pañuelos blancos, las iniciales del hombre de sus sueños. Entre silencios largos, otras tejían jerséis de lana y añoranzas. Rumores de toses, carraspeos en voz baja sobre enfriamientos y otros achaques. Hablaban las comadres de pasiones extinguidas, de la dureza de la vida y de maridos perdidos; de soledades de viudas y sobre los avatares de los hijos. De aquellos días cortos de felicidad, para siempre perdidos. Recordando que el adiós es más doloroso para quién se queda en medio de la distancia y el olvido! La tarde concluía fresca, cargada de humedades. ¡Maldita reuma! farfullan algunas al levantarse.
Mujeres de mi pueblo blanco, de brazos cruzados bajo el pecho, sin llorar; tan serenos los ojos donde cabía todo un mundo, amor entero de madre y de odio vacío. De manos callosas del trabajo duro de hacer pleita; secas como el cartón y arrugadas por el tiempo y la indiferencia, de tantas fatigas y de criar a tantos hijos. Mujeres abnegadas, de oscuro vestidas, durante mucho tiempo de luto encadenado, que se levantaban calladas, para vestirse de negro todas las mañanas.
Tertulias de bares y partidas de cartas o tardes partidas de dominó, cercadas las mesas por el humo de los cigarros que dejaban un aroma de tugurio en la ropa. Rotas voces entre juegos, sorbos de licor para consolar las gargantas resecas, consoladas por el alcohol mientras los mata. Hombres de rostro de piel curtida como el cuero viejo, por el sol de los campos, los años y los penares. Hombres con las manos de trigo vacías, pero puros de amor como la tierra. Campesinos de campo ajeno, de alpargatas, de ancha faja negra a la cintura, con los pies siempre en el polvo del camino, del arado y la miseria como mala compañera.
Deja la lluvia en el aire un olor a campo segado y entre el rubio brillante del rastrojo, rodeado de cipreses altos y picudos, tras una tapia encalada, aparece el camposanto. Esa triste luz blanca de vidas apagadas, donde duermen corazones sin latido. Eternos sueños blancos y otros descabellados sueños de grandeza entre tumbas diferentes, de angelotes tallados sobre lápidas con sus nombres de mármol esculpidos; con ramos de flores que languidecen en jarrones sin agua, que hablan de historias y de rostros casi olvidados. Todas ancladas en el más profundo de los silencios, enojadas con el mundo ante la desoladora perspectiva de los que se fueron lo hicieron para siempre. Todas bajo la mirada sin brillo de un arcángel de yeso tosco que preside ese reino callado, donde no hay más que recordar y echar de menos. 
Pueblo que se despoja de sus hijos como el árbol sacude sus hojas, cada vez más lleno de ausencias para disimular tu entero vacío que el tiempo las devora y las consume y siempre insatisfecho; con ese olor a olvido entre tus paredes blancas, filtrado en cada poro de cal como una mala fiebre, donde los días mueren callados, sin sobresaltos, a golpe de campana.
Duele verte hoy en tu cerro como un centinela en la puerta de una vida que ha quedado atrás, solitario y triste, convaleciente, con síntomas de poco futuro. Busco ahora entre canas y arrugas al amigo de mi infancia y no lo encuentro por más que miro. Solo el eco de un pasado borroso me devuelve una tristeza mansa, domesticada, que mancha mi cara de lágrimas viejas.
Eres esa apacible envoltura cotidiana de lo vivido y añorado, de reflejos blancos en la memoria escritos, como esos surcos que la vida nos marca al pasar; garabatos que el tiempo se entretiene en dibujar en los rostros de las personas y en el de los pueblos a medida que envejecen, que nos atrapan y nos dejan indefensos ante ese pasado, sepultado a esa hora en la que tapan en los pueblos las cosas indecentes, donde la vida continua protegida por ese silencio sordo que anestesia la dolorosa distancia.
Volver a oler los campos quisiera y contemplar la floración del almendro, tumbarme en la hierba alta y cerrar los ojos al abrigo de un sol que calentara; abrir ventanas y respirar el aire manso de la campiña en una tarde precoz de primavera; oler el aroma de un fondo tostado flotar en una tarde fría de otoño, sin que el llanto me lo borrara. Pero esos olores que remontan la corriente de los años se han ido con la brisa, la vida los aleja y el tiempo los evapora para siempre. Con los años se destiñen el sentido de las cosas y los rostros, quedando solo un pasado blanco, desprovisto de sentimientos, que a ratos recorremos en silencio, como un cosquilleo amargo en la garganta. Recuerdos medio vestidos o medio vividos, alimentando el encargo de revivirlos otra vez, que nos hicieron sentir, como en esos días al final del verano que de pronto acaban, dejando amigos, vivencias y sobre todo amores sin terminar.

Día Mundial de la Mujer Rural

El mundo rural ha sido considerado casi siempre sinónimo de atraso, de escasas oportunidades, de aislamiento, de pobreza... Aunque todas estas dificultades se incrementaban en el caso de las mujeres. 
Tampoco se entiende el término rural sin su participación ya que las mujeres han sido la columna vertebral de estas comunidades: ayudaban en las duras faenas agrícolas, atendían las necesidades cotidianas, administraban la economía del hogar en ausencia de sus maridos, cuidaban de la familia, etc. En definitiva, la mujer rural era el sostén físico y emocional de nuestra existencia.

Hoy la sociedad rural ha cambiado y las oportunidades crecen, aunque aún resta camino por andar. Desde vuestro blog Noticias de Tolox y desde vuestro grupo en facebook Imágenes de Tolox, en este 15 de octubre considerado desde hace casi una década como Día Internacional de las Mujeres Rurales, queremos hacer nuestro particular homenaje a este gran colectivo, callado, silencioso, sacrificado... Sin ellas no se entendería nuestro pequeño pero gran mundo.

Somos ya 3700 en Imágenes de Tolox

A comienzos de 2011 estaba dándole vueltas a una idea, conciliar mi formación principal, la Historia, con una de mis grandes pasiones, las nuevas tecnologías. Pero me preocupaba empezar algo donde primara la realización de grandes textos que, en ocasiones, puedan llegar a producir cierto tedio. Es cuando se me ocurrió, siguiendo el lema de que "una imagen vale más que mil palabras", utilizar las fotografías como nexo de unión de una gran Historia que versaría sobre nuestro pueblo y/o sus gentes, Tolox.
La idea en principio me pareció emocionante y volqué muchos esfuerzos en su realización, no tanto durante mi por entonces trabajo como dinamizador del centro Guadalinfo de Tolox, que ya lo solía tener ocupado con diversas actividades, sino llenando otros huecos como los propios fines de semana, donde muchas horas fueron consumidas en este proyecto.
Iniciado el camino una de las herramientas que más prontamente vieron la luz fue este grupo de facebook, donde además de mostrar los resultados se pudiera colaborar. Soy de la opinión que entre todos sabemos más ya que el conocimiento no es de nadie en particular, el Saber es de todos. Así surgió, a comienzos de la primavera de 2011, el grupo de facebook Imágenes de Tolox. 
Ya somos una gran familia con 3700 miembros y desde esa fecha preliminar, con más o menos acierto, con más o menos seguimiento, nos hemos convertido en un referente en nuestro pueblo y en la comarca de la Sierra de las Nieves. En Imágenes de Tolox no solo enseñamos fotos, mostramos historias, costumbres, noticias..., en definitiva, revelamos el acervo cultural de este precioso rincón, a medio camino entre Málaga y Ronda. Y todo esto no ha sido gracias a mí, esto ha sido posible gracias a vosotros. Sin vuestro seguimiento, aportación y ayuda no hubiera sido viable. Muchas gracias por todo.
Para celebrar estos 3700 amigos os mostramos esta imagen que bien podría haberse sacado una tarde de verano, quizás de finales del estío, de la década de los viente del pasado siglo. Un documento gráfico excepcional digno de esta grata efeméride.

Inicios del baloncesto en Tolox

En la década de los sesenta el ejercicio físico entró de lleno en Tolox como actividad generadora de múltiples valores: el esfuerzo, la convivencia, la perseverancia, el trabajo en equipo, la obediencia, la salud, etc. Pero en esos años el fútbol, casi como en la actualidad, era el deporte rey.
No obstante, y pese a las precarias o inexistentes instalaciones deportivas, se formó un equipo de baloncesto que salvando tópicos como la escasa estatura llegó a ser muy competitivo, destacando en un torneo celebrado a nivel nacional.
Aquí los vemos, posando en uno de los encuentros celebrados en la Plaza Alta de Tolox, donde también podemos atisbar a su entrenador, D. José Luís Blasco. Fechamos la imagen a finales de la década de los sesenta del siglo pasado.

Si tenéis fotografías antiguas de Tolox las podéis enviar a esta dirección: plaratolox@gmail.com

Hace falta tener mucha manteca

A veces, cuando deseamos algo que necesita de un fuerte desembolso económico quizás hayáis oído hablar de la siguiente expresión, "para esto hace falta tener mucha manteca". No obstante ahora esta frase casi no se dice, quedando relegada por otros enunciados más televisivos como "tener mucha pasta", pero antes era más habitual su uso. De hecho Manuel Vázquez del Río, quien nació en Tolox en 1895, se hizo eco de esta palabra en su libro Cosas de Tolox, en concreto en el apartado de vocabulario tolito, donde nos describe que manteca era uno de los nombres del dinero. Es decir, hace falta tener mucha manteca es lo mismo que expresar hace falta tener mucho dinero.
Pero esta palabra en realidad no es tolita, esta expresión es malagueña. Y para conocer su origen tenemos que viajar en el tiempo a la Málaga de mitad del S. XIX. En aquellos momentos la oligarquía malagueña vivía en la Alameda, en mansiones situadas a lo largo de ese paseo público, adornado con árboles, estatuas, fuentes y bancos, e iluminado desde los años treinta (de ese siglo XIX) por farolas de aceite y en 1852 se introduce el gas en las cincuenta y dos farolas del paseo. Desde luego que se trataba de un idílico lugar de encuentro de todos los malagueños, donde además esta nueva clase residía y ostentaba el poder social, político y económico.

¿Y qué tiene todo esto que ver con la palabra "manteca"? 

Ahora tenemos que hacer otro viaje en el tiempo hasta situarnos en 1957, cuando el hispanista británico Gerald Brenan publicó el libro "Al sur de Granada". Este ensayo, difícil de clasificar, podemos tomarlo como una mezcla de libro de antropología, historia o etnología. Aquí Brenan, seducido por la Alpujarra gradadina, donde recaló un día de enero de 1920 con algo más de 120 pesetas de la época, nos relata como era la vida de ese enclave y sus alrededores; nos refiere del ambiente salvaje del campo, los hábitos ancestrales que observan esos alpujarreños, su folklore más íntimo, recogiendo además el lenguaje que oye...
Asimismo Don Geraldo, como se le conocía en estas tierras del sur, nos habla de la costumbre que tenían las ricas familias adineradas malagueñas, que residían mayormente en la Alameda, la principal artería de la población a mitad del S. XIX, de importar de la ciudad de Hamburgo (en el norte de la actual Alemania) barriles de mantequilla salada, un lujoso alimento que denotaba rango social en la época. Se daba la circunstancia que muchas de estas familias eran las mismas que a finales del S. XVIII se instalaron en Málaga procedentes de Inglaterra y, especialmente, del centro de Europa, y que fueron la base que sustentó la futura oligarquía industrial que ayudó a expandir y dar a conocer por el mundo el nombre de la ciudad de Málaga. Es evidente que echarían de menos algunos productos que formaban parte de la dieta de sus países de origen. No escatimando esfuerzos para traerlos, al precio que sea. Entre estos artículos se encontraba la manteca.
Y claro, los malagueños, con su afinado humor, no tardaron en denominar a esta nueva burguesía adinerada como "la gente de la manteca"; o lo que es lo mismo, la gente del dinero. Y es que ese producto importado era todo un lujo en ese periodo que los malagueños no podían permitirse. ¿Os imagináis la Alameda a mitad del S. XIX? Un bulevar con iluminación artificial conformando un amplio espacio de recreo de todos los malagueños, donde los pobres y "la gente de la manteca" podían pasear, charlar, etc.
A partir de la década de los setenta del S. XIX comenzaron a llegar a Tolox, al recién inaugurado balneario de Fuente Amargosa (en 1867 inició su andadura de la mano del farmacéutico José García Rey), los primeros agüistas en lo que podríamos anticipar supuso el inicio del turismo en la comarca de la Sierra de las Nieves. En esa época desplazarse era, además de una tarea difícil, un asunto muy caro. No es de extrañar que los tolitos entendieran, igual que hicieron los humildes malagueños que paseaban por la Alameda de Málaga, que esos forasteros que llegaban a Tolox eran gente de "mucha manteca".


Este es el origen de esta curiosa expresión, que seguro muchos hemos escuchado, pero que no la recoge, al menos con esta acepción, el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Un vocablo muy malagueño que los tolitos también hemos asimilado hasta hacerlo prácticamente nuestro. 

Historia de las mujeres de la Sierra de las Nieves

En la segunda mitad del siglo XIX se reforzó el ideal femenino de mujer paciente, decente y dentro del hogar. Este ideal femenino continuó vigente durante la primera mitad del siglo XX donde se le asignaba el rol o papel de mujeres dedicadas a las tareas domésticas, la economía familiar, la educación de los hijos; todas estas tareas fueron elevadas a la categoría de oficio bajo el nombre de "ama de hogar". Sin embargo, los cambios económicos tanto industriales como agrarios y las necesidades de una sociedad en camino hacia la modernización, requerían que la mujer asumiera actividades fuera del hogar. Las mujeres no sólo debían ser amas de casas sino que también debían trabajar fuera de sus hogares para contribuir con su salario a la economía doméstica. Tampoco fue una situación fácil de sobrellevar, sobre todo por las condiciones de trabajo y la situación económica que eran paupérrimas. Las mujeres aprendieron a conciliar tanto su función de amas de casas como las actividades externas al hogar consiguiendo tener un papel destacado en la economía de sus respectivas localidades.
La historia de las mujeres durante el siglo XX invita a la reflexión. Con la realización de este libro se pretende recopilar parte de algunas vivencias referentes a la mujer en la Sierra de las Nieves durante este siglo. Vivencias y recuerdos que giran en torno a sus oficios, a su modo de vida, y que nos permita reflexionar para comprender las causas de desigualdad que han caracterizado su situación durante ese periodo. 
El objetivo fundamental de este proyecto es difundir y conocer la vida de la mujer en la Sierra de las Nieves, tanto en el ámbito social como en el del trabajo. Las historias versarán sobre costumbres, modos de vida y todo aquello que tenga relación con el entorno de la mujer: dónde ocupaba su tiempo, cuál era su vida e inquietudes. Otros objetivos principales que planteamos son:
  • Divulgar el conocimiento de la Edad Contemporánea, particularmente haciendo énfasis desde el comienzo de la centuria hasta la instalación de la democracia en España, 1900-1980.
  • Sensibilizar y mostrar las singularidades y nociones básicas de los principales oficios de la Edad Contemporánea en la comarca.
  • Dar a conocer y acercar a la población la diversidad de oficios acometidos por mujeres de la Sierra de las Nieves.
  • Dinamizar la vida cultural de nuestros pueblos, manteniendo proyectos que anualmente estén dedicados a un periodo de la historia. 
Nuestro deseo es intentar abordar y comprender la historia pasada de la mujer, durante un determinado período de su vida, con normas que otros marcaron junto con la desigualdad y discriminación política, educativa y laboral que han caracterizado su situación durante este tiempo.
El libro que tienes en tus manos es el resultado de un proyecto cultural desarrollado en la comarca de la Sierra de las Nieves por las asociaciones de mujeres de los nueve municipios. Coordinados por el Centro de Información de la Mujer de la Mancomunidad de Municipio de la Sierra de las Nieves. Y subvencionados por la Diputación Provincial de Málaga. 
Entraremos en un mundo social-económico de la mano de una serie de actividades u oficios que habitualmente se han ido desarrollando por mujeres en nuestros pueblos. Se han realizado un centenar de entrevistas a nuestros mayores, recogiendo fotografías y documentación archivística. Para la localización de estas personas informantes se ha contado con la participación y ayuda de las Asociaciones de Mujeres. Mediante estas entrevistas no sólo se han recogido los oficios, sino que también se ha tratado de plasmar la historia personal de algunos testimonios directos. A todos ellos queremos agradecerles su esfuerzo y su colaboración.
Con este libro sólo pretendemos hacer una pequeña aportación de cara a seguir conociendo y queriendo nuestros pueblos. Fomentando así la investigación, conservación y reconocimiento de las diferentes manifestaciones populares en nuestra comarca. Se desea que este proyecto sea el comienzo para acercarnos a conocer la historia, específicamente la historia de mujeres de la Sierra de las Nieves en su contexto social-económico, de forma amena.