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¿Quién fue Aracena?

El pasado 31 de Octubre de 2016, un año más, acompaño a mi madre al cementerio. Ese día la tranquilidad del camposanto se ve alterada por la afluencia de personas que visitan a los seres queridos que ya marcharon. Todas las lápidas tienen que estar impecables para el día siguiente, el día de Todos los Santos. Próxima a la de un familiar mío hay una lápida que siempre me ha llamado la atención, tiene una foto de un joven futbolista con la equipación del Málaga. Junto a ella dos mujeres, una más joven limpiando y la otra, de edad más avanzada, con mirada contemplativa hacia donde se encuentra un hijo que perdió hace 34 años. Le pregunté: ¿qué edad tendría ahora? Se quedó pensando y la mujer más joven, subida aún en la escalera, respondió: “mi hermano tendría ahora 54 años”. Me vuelvo a dirigir a la señora mayor: ¿podría haber tenido Tolox un futbolista? Esta vez sonríe y contesta: “mi niño era del pueblo, pero como a la gente del o no nos conocen tanto como a los del pueblo, pues mucha gente no sabe quién fue”. Al tiempo que me despedía de ellas iba emergiendo en mi pensamiento la idea de dar a conocer a Francisco Aracena Martín, el paisano que llegó a debutar en el Club Deportivo Málaga, en aquel partido en el que el equipo de la Costa del Sol se disputaba ascender a primera división.
Nacido en Málaga el 24 de junio de 1962 y bautizado en la Parroquia de Tolox, Paco Aracena era el mayor de tres hermanos. Al igual que otros niños de la zona de Río Grande fue al colegio de la Ermita, donde en un mismo aula se impartían clases a niños de distintas edades. Al cumplir Paco ocho años la familia se trasladó a Málaga por motivos laborales, instalándose en la zona de Las Delicias. Carmen, su madre, trabajaba como portera de bloque mientras su padre, Pepe, se dedicaba a la construcción.
A principios de los 70 un grupo de niños jugaba al fútbol diariamente en la zona de la Térmica. Francisco Berrocal, camionero de la empresa Transmálaga, era el padre de uno de ellos. Su hijo Antonio le insistía siempre para que hiciera un equipo de fútbol. Un día éste decidió complacerlo, pero para ello Antonio tenía que reunir a niños de la zona. Finalmente logró juntar un total de cuarenta niños, siendo nuestro protagonista uno de ellos. Con este grupo se fundó el Club Deportivo Maravillas en la temporada 70/71, donde Aracena jugó hasta el primer año de juveniles.
Cuando Paco cumplió 14 años el Real Betis se interesó por él, pero la madre se opuso a que con tan temprana edad se fuera de casa. En mayo del 78 es el Atlético Malagueño, filial del C.D. Málaga, el que habla directamente con su padre. Pepe les dice a los dirigentes malaguistas que negociaran con los hermanos Berrocal, ya que éstos habían formado a Paco como futbolista y eran los dueños del C.D. Maravillas. Tras la negociación llegan al acuerdo de que Aracena jugaría en el juvenil del Málaga a cambio de material deportivo, además de 500.000 pesetas (3.000 €) si llegaba a debutar con el primer equipo del C.D. Málaga.
En el año 1979 la familia se traslada al barrio de Carranque y el contacto con Tolox es cada vez menor; tan solo su padre acude la mayoría de los fines de semana a atender las tareas agrícolas. Pepe, persona humilde donde las haya, es felicitado por los lugareños de la zona, porque aunque a Río Grande no lleguen los periódicos sí van llegando los ecos de las gestas de su hijo. En medio de una felicidad contenida este enorgullecido padre va dejando de ser Pepe para ir convirtiéndose en el padre de Aracena.
La temporada 78/79 debuta en el juvenil del Málaga; las tres siguientes juega en el Atlético Malagueño, en tercera división, compartiendo vestuario con Ernesto y el siempre recordado José Antonio Gallardo, entre otros. En ese periplo Antonio Hurtado fue el entrenador en las dos primeras temporadas y Santiago Aragón en la restante. En la temporada 81/82 Paco entrenaba esporádicamente con el primer equipo, y en la recta final del campeonato las apariciones en los entrenamientos fueron más frecuentes.
Llega el 16 de Mayo de 1982, penúltima jornada de la temporada en segunda división, cuando se enfrentan en La Rosaleda el Málaga y el Recreativo de Huelva. Al comenzar la segunda parte, Antonio Benítez, que ese año debutaba como entrenador del Málaga, mandó a calentar a todos los jugadores suplentes. Avanzan los minutos y los goles fueron cayendo en la portería del Recreativo. En el minuto 80 marca el Málaga el quinto gol, Benítez se dispone a hacer un doble cambio, quiere dar la oportunidad a dos jóvenes de la cantera: ¡Rivas y Aracena, los dos! Fueron las palabras del técnico blanquiazul a Pepillo Zambrano, utillero del Málaga. El rostro de los jóvenes cambia cuando Pepillo les dice que son los elegidos. Rivas entró por Serrano y José Madrona, que dos minutos antes había marcado el quinto gol, con lo que el resultado iba 5-1, salió lentamente del terreno de juego disfrutando de la ovación y de la fiesta de La Rosaleda, que se volvía a sentir de primera, y al llegar a la altura de Aracena le dijo: “tranquilo, como si estuvieras jugando en tercera. No tengas nervios y mucha suerte”. Debutaba en ese momento el toloxeño Paco Aracena, valorado por todos como un jugador muy listo en el campo, valiente, con mucho gol, que agradaba a los compañeros, siendo además gracioso y extrovertido en el vestuario.
Terminada la temporada, el 24 de Junio cumplió 20 años, le tocaba hacer el servicio militar en Zamora. Debido a esto C.D.Málaga y Zamora C.F llegan a un acuerdo de cesión, para que Francisco jugara en tierras castellanas la temporada 82/83. Antes de empezar el servicio militar se trasladó a Zamora para realizar la pretemporada, siendo el máximo goleador de la misma con cuatro goles en seis partidos y convirtiéndose en poco tiempo en un jugador muy querido. Emilio Cruz, técnico del Zamora, afirmaba de él que lo tenía todo para triunfar.
El 21 de agosto de 1982 volvió a Málaga para visitar a los familiares y cerrar unas gestiones relacionadas con su incorporación al cuartel. El 25 de Agosto, regresando del Campamento Benítez de recoger la cartilla militar, a la altura del edificio de tabacalera, paró su moto al lado de un camión. Los dos vehículos esperaban a que el semáforo cambiara a luz verde, pero al iniciar el camión el giro Paco no pudo regatear al destino. Entre las ruedas traseras del vehículo pesado se desvaneció un futuro lleno de ilusiones, al tiempo que quedaba destrozada toda la gente que le conoció. Su tía Micaela, que siempre guardaba los recortes de periódico, orgullosa de tener un sobrino futbolista, no contaba con guardar el último recorte junto a un clavel disecado de una de las coronas de flores que acompañaron a Paco aquel día; como también lo acompañaron, en aquel multitudinario adiós, José Elena y su hermano Pedro, Antonio Marmolejo, Pedro Moya y otros toloxeños que quisieron despedir a su paisano en el cementerio malagueño de San Rafael.
Doce años más tarde sus restos son trasladados a Tolox, al mismo lugar donde aquella foto ha hecho que hoy sepamos quién fue Aracena...
Después de haber terminado observo mi pluma y aún le queda tinta. La vuelvo a mirar y pienso como gastarla, al tiempo que pienso me voy acordando de como Ernesto me abrió las puertas de la familia malaguista. Al entrar veo a José recordando aquellas sabias palabras que le brindó a Paco aquella tarde al ser cambiado. Rivas aún continúa calentando al lado de Aracena, con los nervios y las ganas de debutar de un canterano. Antonio Benítez sigue teniendo claro que 34 años más tarde volvería a darle la oportunidad de debutar, todo esto mientras Domingo le va abriendo un hueco en la historia del Málaga.
Sujeto la pluma con fuerza, se mueve y no puedo detenerla, me pregunto dónde quiere ir. Me lleva hasta Zamora. Allí se encuentra Emilio Cruz con ganas de ver al rubio malagueño que viene a reforzar su delantera. Juan Antonio, compañero en el ataque zamorano, se sumerge en el pasado para recordar vivencias fuera y dentro del campo; Luis Fradejas, ese periodista que empezaba a hacer “sus primeros pinitos” en el mundo del periodismo deportivo, anunció en menos de un mes la llegada de un prometedor futbolista y el fatídico desenlace del 25 de agosto. Luis, ya retirado del periodismo, volvió a ejercer para que hoy sepamos en Málaga que en Zamora también lo quisieron y admiraron, curiosamente en menos de un mes ¡Algo tendría!
Ya quedan los últimos brotes de tinta, apenas da para unas pocas palabras, un último pensamiento, que tanto a mí como a mi pluma nos lleva un domingo de Febrero hasta Río Grande. Sin la ayuda de Salvador, actual policía local de Tolox, no habría localizado nunca la casa; al entrar a ella me esperaban Pepe y Carmen, como si no hubieran pasado 34 años. Carmen me va contando con entereza todas las vivencias que recordaba, para que nada le faltara a este homenaje a su hijo. Pepe aún no lo ha superado, nunca lo superará. Cien metros más adelante se encuentra la casa de la tía Micaela, donde me recibe con dos cuadernos antiguos llenos de recortes de periódico. Salvador, su marido, más entero y frío me dice: “estaba loca con su sobrino y eso que el tío carnal era yo”. Todo esto mientras Pepe, a pesar de coger confianza conmigo, sigue sin poder articular palabra acordándose de su hijo.
A todas estas personas quiero agradecerles el cariño que le han puesto. Han sido momentos de nudos en la garganta, sonrisas, nostalgia, alguna que otra lágrima y por encima de todo, volver a tenerle presente.

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