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Lagartijo acude al Balneario de Tolox

Rafael Molina Sánchez nació un 27 de noviembre de 1841 en el barrio cordobés del Matadero. Hijo del banderillero Manuel Molina "Niño de Dios" desde muy pequeño tuvo afición por el mundo de los toros, llegando a formar parte de una cuadrilla de niños cordobeses donde le pusieron el mote de "Lagartijo" por su estatura y su carácter vivaz. Tomó la alternativa el 29 de septiembre de 1865 en Úbeda. Desde entonces toreó en 1632 corridas (404 en Madrid) y el resto en provincias matando un total de 4867 toros. 
A partir de 1868 comenzó la gran rivalidad, admiración y respeto mutuo con el otro gran torero del momento, Salvador Sánchez Povedado, popularmente conocido como "Frascuelo". Ambos se enfrentaron en los ruedos con valentía, llevándolos hasta a tumbarse delante de un toro, actitud tan temeraria por las que en alguna ocasión fueron reprimidos por la presidencia. Cada uno tenía su bando que le era afecto, y tan absoluto resultaba este dualismo que España, por lo que respecta a esa afición, se hallaba dividida en lagartijistas y frascuelistas. Esta rivalidad en los ruedos es comparable con la que antes mantuvieron Pedro Romero y Costillares y después Joselito y Belmonte.
Lagartijo ha sido considerado uno de los toreros más completos de la historia: fino con el capote, buen banderillero, poderoso con la muleta y seguro con el acero. Tuvo éxito en todas las plazas y fue vitoreado por todos los públicos. El 11 de junio de 1876 Rafael Molina "Lagartijo" formó parte del cartel inaugural de la Plaza de toros de Málaga, estrenando otras famosas plazas en todo el territorio español desde Almería hasta San Sebastián pasando por Madrid.
Lagartijo era un hombre generoso, de carácter simpático y campechano a quien le gustaba divertirse con sus amigos. Esta forma de vivir le hizo gala de múltiples anécdotas; vamos a recordar la siguiente: "En la plaza de La Malagueta le tocó en suerte a Lagartijo un toro llamado Cucharero de Anastasio Martín, grande hasta el punto de rascarse el hocico sobre la contera de la barrera sin tener que levantar su voluminosa cabeza, además estaba dotada de una asombrosa cornadura. Lo lidió como pudo, pues los muletazos eran a gran distancia, a la hora de matar el cornúpeta se llevó al desolladero hasta tres estoques; se puede decir que todos los asistentes a la corrida respiraron cuando dobló. Pues bien, el Califa pidió la cabeza como recuerdo, colgándola en su despacho. Comentaban que cuando llegaba a su casa con unas copitas de más se acercaba a Cucharero y con un bastón le daba diciendo: -¡Maldita sea la vaca que te parió!".
En los cuarenta y dos años de su vida torera sufrió varios percances, siendo los más graves los que tuvo en Cáceres (15 de agosto de 1862); en Madrid (3 de julio de 1864; 20 de octubre de 1872; 22 de junio de 1873); en Sevilla (20 de junio de 1867); en Cádiz (10 de mayo de 1870), y en Zaragoza (14 de octubre de 1872); la última cogida la sufrió en Valencia el 25 de julio de 1891. 
Pero el último gran contratiempo no pudo esquivarlo y por desgracia la enfermedad, que venia minando la vida del Califa en el arte del toreo, tuvo un fatal aunque esperado desenlace. A la una de la madrugada del 1 de agosto se agravó considerablemente su estado, siendo cada vez más difícil la respiración del enfermo. Horas más tarde, rodeado de familiares y amigos, entró en agonía, falleciendo ese primero de agosto de 1900.
A comienzos de 1900 los médicos recomendaron al torero que acudiese al Balneario de Tolox, en Málaga, a inhalar esas aguas nitrogenadas que para algunos, como por ejemplo para el ilustre poeta Salvador Rueda, eran milagrosas. Algo similar tuvo que experimentar Lagartijo, sobre todo después del difícil camino de herradura que tuvo que afrontar hasta llegar a ese oasis meridional llamado ¨Tolox, durante la primera sesión que tomó en el balneario del agua amargosa cuando su fiebre remitió considerablemente. Se creía, de seguir así, en una pronta recuperación del artista.
Rafael llegó al Balneario de Tolox desconocido; la enfermedad había quebrantado visiblemente aquella naturaleza de hierro, y lo que no consiguieron los toros lo alcanzó la fiebre; doblegar su cuerpo y enervar su espíritu. Acudió a Tolox porque los facultativos le aconsejaron que tomase estas aguas. Su estado era moribundo y hubo noche en que se temió por su vida; pero gracias a los solícitos cuidados del director del Balneario D. Arturo Daza de Campos y a las aguas curativas, la enfermedad cedió bastante y lo que era casi un cadáver fue reanimándose progresivamente.
Ocupó el maestro cordobés el cuarto número 24 del hotel de los baños, por entonces llamado "Fonda de los Baños" y lo acompañó su hermano Manuel, antiguo matador de toros y su fiel criado Carrasco. El que tantas veces vieron los aficionados entregar los trastos al maestro entre barreras, es el que ahora le sirve las medicinas con la tierna solicitud de un padre. Transcurridos casi cinco meses de la muerte de Lagartijo, el 22 de noviembre de 1900, fallecería Carrasco en la misma ciudad de Córdoba.
Rafael al llegar al Balneario de Tolox inspiraba verdadera compasión. Muy alejado de sus buenos tiempos, cuando "atizaba" aquellas estocadas al bicho o arrebataba al púbico con sus quites magistrales y sus famosas largas. Al contemplarlo encorvado, pálido, con la mirada triste y abatido por los estragos de la enfermedad, se tiene la impresión de lástima que se palpa ante el monumento que se derrumba o ante el héroe que sucumbe. 
Lagartijo empezó a sentirse enfermo ese invierno de 1899-1900 y se fue agravando hasta su llegada a Tolox. Y aunque es cierto que las noticias recibidas mientras el torero estuvo en el Balneario de Tolox fueron positivas, ya que mejoró algo de su enfermedad, su débil estado siguió necesitando serios cuidados. En esa época el Balneario de Tolox se abría desde el 1 de mayo hasta el 31 de octubre, evitando los meses de más calor: la primera fase iba desde el 1 de mayo hasta el 30 de junio, permanecía cerrado julio y agosto y después se volvía a reanudar la actividad desde el 1 de septiembre al 31 de octubre. Existían dos fondas, una en el Balneario, llamada como hemos indicado más arriba la Fonda de los Baños, y otra en la población. 
A mediados de junio, poco antes de comenzar el verano de 1900, los mensajes que llegaban desde Córdoba eran poco alentadores. Dos semanas después de regresar de Tolox se encontraba Lagartijo en franca convalecencia, saliendo a pasear y haciendo su vida habitual. Pero una noche, además de fiebre, tuvo un ataque de disnea violento, llegando a perder el conocimiento durante unos minutos. Se decía que no podía acostarse en posición horizontal porque su fatiga aumentaba. Cuando los rigores del verano cordobés se hallaban en su cénit, en la misma ciudad que lo vio nacer hacía 58 años, falleció.
Y aquí termina esta breve crónica de un pueblo y de un balneario en ciernes que tuvo tal ilustre y efímera visita cuando el último verano del S. XIX, igual que la figura del gran torero cordobés, estaba a punto de extinguirse.

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